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los bandidos de la hoya

nº134 E.B. "la matacía" [20.01.12]

nº134 E.B. "la matacía" [20.01.12]

   Volvimos los bandidos a comenzar un nuevo año. En esta ocasión dedicamos el programa a “la matacia”. Queríamos conocer mejor este acto popular, tradicional en nuestros pueblos, un día de convivencia, de ricos alimentos, de fiesta en muchos casos, que ha sobrevivido al mundo moderno de las nuevas tecnologías.

 

   Los encargados de abrir el programa y desvelar el contenido preparado fueron: Macaya, Raúl L., Yolanda A., Laura, Conchi, Blanquita, Alfonso y Mónica.

   En primer lugar, conectamos con nuestros divertidos reporteros Macario y Chulapita, quienes nos introdujeron en el tema del programa de hoy.

   Como siempre, algunos de los bandidos pusimos voz a los personajes: Joaquín M, Ramón, José Luís y  Víctor.

 

BANDIDO: Vamos a pasar la conexión a nuestros reporteros Macario y Chulapita. ¡Hola compañeros! ¿Dónde os encontráis?

 

MACARIO: Nos encontramos en Los Corrales. Que nos han dicho que van a hacer la matacía de un cerdo.

 

CHULAPITA: Maca, a  mi me da mucha pena eso de la matanza. Se me está ocurriendo hacerle una poesía en su honor.

 

MACARIO: No si en el fondo eres una buena tía

 

CHULAPITA: Pues venga Maca así el cerdo estará más feliz

 

GRANJERO: ¿Qué hacen ustedes aquí?

 

MACARIO: Que nos hemos enterado que van a matar a un cerdo y aquí Chulapita y yo que somos muy sensibles le hemos hecho una poesía. ¿Se la podíamos leer al pobre animal antes de que ocurra la tragedia?

 

CHULAPITA: Es para que el animal se lleve un buen recuerdo de sus últimos momentos.

 

GRANJERO: Esto no me había pasado nunca, ahora el sensible soy yo, anda, pasar, pasar…que el animalito está  ahí

 

MACARIO: Hay va nuestra poesía:

 

 

MATACIA

 

Un día en la matacía,

muchas personas había,

para ver a un cerdo morir.

La gente disfrutaba,

algunos se aburrían

y yo no soportaba,

ver al cerdo sufrir,

por lo que a casa me fui.

Es una tradición,

que se está perdiendo en Aragón.

 

Chipón, chispón.

 

 

GRANJERO: Me habéis emocionado, estáis invitados a la matacía, pero antes vamos a tomarnos unas copicas de vino de la bodega, que pega, pega.

 

CHULAPITA: Macaaaa…. Con  esto del cerdo yo me he inspirado y tengo una poesía para ti. Escucha:

 

EL CERDO.

 

En casa de un labrador

Te crían con todo vicio,

Por eso a los pocos meses

Ya estas gordico y rollizo.

 

Engordar para morir,

Tiene el cerdo por refrán

Vive con esa misión

Este inocente animal.

 

Cuando llega el invierno

Es tiempo del sacrificio

Y este animal nos da:

Jamón, adobo y chorizo.

 

Como arregla la despensa

En los meses que hace frío,

Y después está el jamón,

Para el verano o estío.

 

Este animal tiene nombres:

Puerco, cochino y marrano,

Pero es su carne excelente,

En invierno y en verano.

 

 

MACARIO: Deja ya el vino que ya me comparas con un cerdo, y además mira que eres tramposa Chulapita que ni esto te lo tomas en serio puesto que esta poesía te la has sacado del Internet de la pagina del ayuntamiento de Gelsa que hasta el cerdo se hubiera dado cuenta….

Bueno más vale que vayamos despidiendo la conexión.

 

CHULAPITA: Parece que con nuestras poesías el cerdo está mas sonriente o es este vino que nos ha dado el granjero ji, ji … Devolvemos la conexión a los Bandidos de la Hoya ¡Hasta otra compañeros!

 

BANDIDO: Gracias compañeros, hasta el próximo programa.

 

   Seguidamente, nuestros compañeros de ASPACE leyeron un texto que  habían preparado para meternos en faena (Nacho, Roberto, Joaquín G. y Conchita).

 

LA MATACÍA

   Años atrás era costumbre en los pueblos hacer, en la mayoría de las casas, “la matacía”. Los cerdos, que habían sido paridos en el corral o comprados al poco de nacer, se engordaban con las sobras de las comidas y otros restos de la huerta. En los días previos se hacían los preparativos y las compras; tales como hacer acopio de leña, comprar arroz, distintas especias y abundante pan.

   Llegado el día de la matanza del cerdo, a primera hora de la mañana, llegaba el “matachín”. Éste era la persona especializada en el entonces considerado como noble arte del sacrificio del animal en las condiciones idóneas para que su máximo aprovechamiento.

   En este proceso contribuía toda la familia, tanto chavales como mayores, ya que para los pequeños era un día de fiesta.

   Las mujeres eran las encargadas de recoger la sangre del cerdo para hacer los distintos tipos de morcillas, bolas y tortetas, que se hacían según las zonas de Aragón con diferentes fórmulas, formas y variedades (dulces, saladas, con piñones, etc). Mientras tanto, los hombres calentaban el agua para escaldar y pelar a los cerdos. Después de todo esto, tras pelarlos, abrirlos en canal y vaciarlos de las tripas y otras partes, se colgaban unas horas de las patas traseras para que la carne se aireara. Se colgaban algunos cascabeles del animal para avisar de la presencia de gatos y otros animales que quisieran aprovechar la ocasión para darse un festín alimenticio. Posteriormente se descuartizaban para hacer los distintos productos, tales como los chorizos, las longanizas, las butifarras, los salchichones, etc. Aparte de esto se hacían conservas, tales como las costillas, el lomo.

   Pero lo más preciado y duradero eran lo jamones, que se ponían a salar durante unos días, y después se colgaban varios meses en un sitio fresco y aireado hasta que se secaban.

   La  matacía, después de la guerra civil, contribuyó  a la economía de subsistencia de muchos hogares de España, sobre todo en los pequeños pueblos que se encontraban alejados de las ciudades. Era  prácticamente el alimento que más celosamente se guardaba durante todo el año, llegándose a decir que el cerdo había salvado más vidas que incluso la penicilina, gracias a que se aprovechaba todo de él. “Del cerdo vale todo, hasta el rabo”, reza el refranero popular.

   Por lo general, en las zonas rurales escaseaban las comodidades de las ciudades como poder tener la comida fresca, de calidad y valor nutritivo. Se las  ingeniaban para  criar celosamente, con productos naturales de las huertas, uno o dos cerdos; a sabiendas de que, durante todo el duro invierno  y  verano siguiente, los jamones y conservas serían prácticamente los alimentos que acompañarían alguna parte de sus comidas cotidianas. De ahí que su proceso de elaboración  se hiciera con sumo cuidado  dedicación y también como día  festivo.

   Hoy en día la matacía es un acto más bien festivo, reivindicativo de las tradiciones y, desde luego, mucho menos rudimentario. La nostalgia, la vuelta a la infancia, a los sabores y olores de ayer, es lo único que justifica las pocas matacías que se realizan.

 

   Sofía y Carlos P. fueron los encargados de presentar a nuestra invitada del programa: María José.

 

María José, es una de nuestras apreciadas amigas. Es natural de Los Corrales, un pueblecito que se encuentra a 22 km de Huesca, a los pies de la sierra de Loarre, en el que viven aproximadamente unas 106 personas: agricultores, ganaderos y otros diferentes oficios. En el pueblo hay dos fuentes con lavadero, un pabellón, una piscina pública y un parque. Cada año Mª José, junto con su hija Rebeca, nos invita a un grupo de personas de las que vivimos en el Centro Manuel Artero de Atades, a disfrutar con ellos de la matacía popular de su pueblo, Los Corrales. Mª José tiene tres hijos, es ama de casa y además trabaja en la residencia de mayores de Ayerbe. Le  gusta coser y hacer bolillos, cosa nada fácil. Es hoy nuestra invitada especial ya que conoce de primera mano el tema que hoy nos atañe, pues lleva viviendo en su casa la matacía del cerdo año tras año desde que era una niña.

 

   Volvemos a agradecerle que aceptara nuestra invitación y compartiera con nosotros parte de su tiempo.

   A ella se sumaron algunos bandidos tertulianos (Roberto, Conchita, Joaquín, Antonio, Víctor, Nacho y Eli) bajo la batuta moderadora de Lupe.

 

   En “mi música favorita” Jorge explicaba la canción elegida por la bandida Lydia, y ante su ausencia en el programa, su compañera Cristina fue la encargada de leer su dedicatoria.

 

“He elegido la canción que se titula la “Niña que llora en tus fiestas” de la Oreja de van Gogh porque me emociona muchísimo la nueva cantante y voy a disfrutarla mucho porque es uno de mis grupos favoritos de música. Este es el último albúm que han sacado y en esta canción han puesto música electrónica, además tiene una voz muy marchosa y voy a dedicarla a Fernando, Lupe, Elisabeth, Alberto, Alba, Cristina y Jorge Navarro.

 

Y en especial a Vanesa y Loreto que las quiero tanto”.

 

   En “reflexiones de un bandido” Víctor daba paso a su compañero Josan, quien nos contó sus recuerdos de la matacía.

 

  Matacía

    Qué recuerdos me vienen de la niñez de los días de matacía en mi pueblo! . Recuerdo que a veces, me despertaba con los chillidos agónicos de los cerdos que penetraban en mi cabeza y me transmitían un sufrimiento brutal. Íbamos varios amigos a los corrales de las casas para ver todo aquel acontecimiento.

   El matachín José, un hombre amable y con buen humor, atrapaba al cerdo en la puerta de la zolle con la parte más pequeña de su gancho, que tenía forma de S irregular. Esta era la punta más afilada y también la que clavaba bajo la barbilla del cerdo. Después, tiraba de él hasta acercarlo a la vacía, con ayuda de varios hombres más, que lo cogían con sus propias manos por las patas e incluso del rabo y siempre vigilando que el gancho no se soltase.

   La vacía era un recipiente de madera rectangular que se ponía boca abajo como si de una mesa se tratase. Entonces, cuando tenían al cerdo encima, bien sujeto, le clavaban el cuchillo para que se desangrase. El cerdo hacía fuerza para escapar y exigía que nadie perdiese la concentración mientras seguía con vida, pues en más de una ocasión se soltó y luego fue más difícil capturarlo. Además, en los casos en los que ya había sido degollado, se perdía la valiosa sangre imprescindible para tortetas y morcillas.

   Una vez degollado, se recogía la sangre en un cubo a la vez que se revolvía con la mano, para que no se cuajase. Después, se alzaba el cerdo con sogas para poder colocar la vacía en su posición normal e introducir allí al cerdo. Acto seguido, se llenaba la vacía de agua hirviendo y procedían a limpiarlo y pelarlo utilizando cazoletas y cuchillos. Cuando el cerdo estaba limpio y pelado, se colgaba por las patas traseras para descuartizarlo. Todo esto se hacía en un ambiente de fiesta y de unión de familia, vecinos o amigos, según los casos. El matachín recogía sus utensilios e iba a la siguiente casa a realizar otra matacía. Varias a lo largo de la mañana.

   En cada casa seguían todo el día elaborando tortetas, morcillas, chorizos, longanizas, butifarras, salando jamones y espaldares, etc., aunque algunas de estas labores las hacían unos días más tarde. Mi recuerdo tiene la mezcla de pena por el sufrimiento del cerdo y de alegría por la fiesta posterior, aunque he tenido la suerte de haber nacido en una época donde ya no era tan imprescindible ni valorado el hecho de poder matar un cerdo en casa.

 

   Por último, llegó a nuestros oídos unas poesías de algunos bandidos que se hallaban en “el rincón del artista”.

 

 

Te espero entre las flores

Lejos de mis temores

Te espero en la madrugada,

revuelta por los amores

 

 

Te espero en el corazon,

lleno de ilusiones y sensaciones,

lejos de la codicia y las ambiciones

 

te espero princesa en el horizonte,

donde nadie pueda manchar nuestros amores+

 

Mapi.

 

 

 

Mientras tu existas,

mientras mi mirado te busque

mas alla de los sueños

 

Mientras tu presenica

me llene el corazon,

de locura y sentimientos,

 

Seguire luchando con la distancia

guardando tus besos

en el calor de mis pensamientos

 

Mientras tu existas

te llevare en mis adentros

 

Yolanda B.

 

 

Seguimos navegando juntos

 

Hará por estas fechas doce años

Tú me escribiste desde León

Aquellas líneas llenas de amor

Aquella carta me llenó el corazón

 

Tras estos años el horizonte se vislumbró

Y aquel proyecto que en su día empezó

Con el tiempo se hizo realidad

Todo fue fruto de la libertad

 

Libertad de querer, de decidir

De temer, de huir

De pensamiento de los demás hacia nosotros

De pensamiento De nosotros hacia ellos

 

Seguimos navegando juntos

Escalemos la montaña solos

Dejemos a la luz cegarnos

Empecemos ahora a vernos

 

Ramón

 

   Así pues llegamos al final de nuestro primer programa del 2012. Los bandidos Alberto, Loreto, Mamen, Nuria B., Magdalena, Carolina B. y Alba fueron los encargados de cerrar el programa dando las gracias a los asistentes y colaboradores y recitando los nombres de todos Los Bandidos de la Hoya.

 

El próximo programa será el viernes 3 de FEBRERO sobre las 11, desde el CENTRO CULTURAL EL MATADERO de Huesca.

Lo hemos titulado EL CASTILLO DE LOARRE.

Lugar Monumental de nuestra tierra, donde se ha desarrollado la historia y actualmente hasta se han grabado películas muy conocidas.

Estáis todos invitados a ver cómo lo hacemos

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